Andrés Molestina Freile, viajero y aventurero pero sobre todo motociclista de corazón

Con 64 años a cuestas, este apasionado por los viajes y las motos, es uno de los referentes que tiene el motociclismo de aventura en el Ecuador. Forma parte de una de las familias más involucradas con este deporte/afición en la capital de la República y cuando consiguió su primera Kawasaki KLR 650 se lanzó a la ruta para conocer mucho más que el peís entero.


Andrés Molestina Freile es uno de los motociclistas más reconocidos en el Ecuador. No es, sin embargo, de aquellos que ha destacado en las pistas de competencia… Es de esos “extraños seres” sobre dos ruedas que han dedicado gran parte de la vida a disfrutar de su moto en la naturaleza, recorriendo montañas y valles, mientras alimentan su espíritu con la aventura que se les presenta en cada kilómetro que avanzan.


Profesionalmente siempre estuvo involucrado en el mundo de los combustibles. Fue distribuidor por más de 40 años. Fue director de la Asociación de Distribuidores de Combustibles de Pichincha y también estuvo en la Federación Ecuatoriana de Distribuidores de Combustibles. Por ahora está retirado y a sus 64 años, cuando apenas le falta uno para entrar oficialmente a la tercera edad, según bromea con una sonora carcajada, nos recibe en su casa, en las afueras de Quito, para conversar sobre su trayectoria en el mundo de las motos.


Y cuando habla de ellas, Molestina siempre usa la palabra “nosotros”. Lo hace por su familia, especialmente sus hermanos mayores, que siempre estuvieron en el motociclismo y “nos criamos realmente entre motos”. Varios años antes de terminar el siglo pasado, las gasolineras eran el punto de encuentro de los motociclistas capitalinos. “La de los Molestina, en el partidero a Tumbaco, fue un ícono de la época porque allí nos reuníamos para salir”.


¿Cómo te involucraste en el motociclismo?

Mi hermano José fue uno de los pioneros del motocross. Era la época de Roque Calisto, “Camello” Brauer, Juanito Rivadeneira, Abel Gilbert, el Coyote Cordovez, aunque un poco menor,

Mi hermano mayor fue campeón nacional de motocross, a mi hermano Juan también le gustaba. Yo era más pequeño y no me dejaban mucho meterle mano a las motos. Yo más bien le robaba la moto, una Yamaha 125, al mensajero de la oficina de mi papá cuando tenía unos 15 ó 16 años. Era por el 68 ó 70 máximo.

También, entre 3 ó 4 amigos, solíamos alquilar motocicletas en El Ejido y nos paseábamos y correteábamos por la ciudad.

Como era pequeño no me involucré más. No tenía para comprarme una moto.


¿Recuerdas tu primer viaje?

Fue con un amigo que tenía dos motos. Mi primer viaje fue hacia El Ángel, en el Carchi, a la hacienda de unos amigos. Ahí me prestó una Yamaha 175 y él tenía la del papá que era una Yamaha 400, la típica panadera.


¿Y el amor por la naturaleza?

Fue un poco más adelante. Tuve la oportunidad de ir a estudiar en los Estados Unidos y allá me dediqué al deporte de aventura: escalada de montaña, kayak de río, esquí alpino y cross country. Me fascinó porque era algo nuevo que aquí en Ecuador no practicábamos.

Regresé al país y traje los primeros kayaks, unos 6 ó 7, para hacer canotaje en los ríos; pero no había el mapeo necesario y sí muy poca seguridad en los ríos. Entonces fue un poquito riesgoso lo que hicimos. Lo dejé después de un tiempo.


¿Cómo llegaste a tener tu primera moto?

En ese entonces mi novia, que ahora es mi esposa, trabajaba en el Banco Internacional y me dijo que estaban rematando unas motos en el banco. Eran las Suzuki PE. Yo compré una 250 y mis amigos una 400 y otra 175. Eran unas amarillas 2T con un foquito chiquito adelante, de enduro. Hubo facilidades de pago y como éramos guambras que empezábamos a trabajar dijimos: “dele”.


¿Ahí empezaron las salidas a rutear en moto?

Sí. Con mis hermanos Juan y José, Roberto Luzuriaga, Tito Sánchez, Jhonny Dávalos; y, otros amigos. Ellos realmente fueron mis profesores porque ya estaban en el motociclismo mucho antes que yo. Es que justamente en los años que estuve en EE.UU. hubo un “boom” por las motos y ya estaban metidos en esto.

En esa época también empezaron las carreras de enduro, que eran más un rally porque eran de punto a punto, por ejemplo de Quito a Ibarra.


¿Y cómo empezaste en las carreras?

Un día Roberto Luzuriaga me dijo corramos. Yo no quería correr, pero me insistió tanto porque había una carrera desde Quito hasta Yahuarcocha.

Finalmente le dije que sí iba a correr pero solo contra él. No me importaba el resto.

Fue una experiencia interesantísima porque Roberto estaba en una moto inferior, una Honda XL 185. También estaba Francisco Mathews, que era campeón nacional, en una XR 200. Y yo tenía la P250.

La carrera estuvo espectacular y al final le gané a Roberto. Primero fue Francisco Matheus, yo fui segundo, tanto en la categoría como en la general. Y Roberto llegó con las llantas reventadas, los aros hecho leña.

Fue bonito y le dije: “Ya hermano. Se acabó para mí. Yo no quiero saber más de esto”.


¿Y nunca más corriste?

Sí volví a correr. Me cambié de moto, un amigo que traía motos de los EE.UU. me vendió una XR 500 del 81. Había una carrera en Ambato y por acolitar a los amigos cogimos las camionetas y nos fuimos.

Nos metieron en el desaguadero del Chimborazo. Y claro, medio trampositos los compañeros ambateños. A los que teníamos motos grandes y pesadas, que sabían que les íbamos a ganar, nos mandaron al desaguadero y todos nos quedamos enterrados ahí. Ellos se pasaban muertos de risa por un lado. Y nos ganaron.

Ahí me dio tanta rabia que dije: “Esta pendejada para mi no es”. No me gustó esa competitividad insana.


¿Ahí sí se acabaron las carreras?

Se acabó para mi el motociclismo de carreras. Entonces cogí mi XR y le adapté. Le puse un faro grande que traje de EE.UU, la maleta típica de herramientas que había atrás le saque y le hice soldar una pequeña parrilla, le puse una catalina más pequeña, me traje un tanque de 5 galones; y, me fui a comprar un mapa en el Instituto Geográfico Militar.

Mi amigo que compró la PX 125 me dijo: “Yo te acolito”. Entonces se compró una XR igual y nos dedicamos a viajar.

¿Cómo fueron esos primeros viajes?

Íbamos de pesca, a hacer camping. Y con el mapa empezamos a buscar los caminos de Pichincha. Entonces me dediqué a explorar, a buscar lugares para ir en la moto. Puedo decir que he sido uno de los pioneros en ese ámbito. Se que hay gente mayor que lo han hecho pero en el Austro.

Me llenó y me gustó conocer el país. Me enganchó el ir a explorar las montañas, ríos, cascadas y lugares así. Entonces empecé a moverme de provincia en provincia y a buscar los caminos.


¿Qué tan difícil fue empezar a viajar?

Salíamos con Luis Correa. Los dos casados y con un niño cada uno. Y eso también complicaba un poquito la cosa. Entonces hicimos un convenio con las señoras. Les dijimos que una vez al mes íbamos a salir.

Salíamos los viernes por la tarde para tener un poco más de tiempo. Viajábamos en la noche y así empezamos a recorrer el país entero. Fue maravilloso conocer lo que ahora es la Ruta del Sol, por ejemplo, que era un solo camino pequeño de tierra. En muchos lugares no había camino y tocaba meterse a la playa, siempre y cuando la marea esté baja.

A veces nos quedábamos a dormir en la playa, llevábamos una carpa y un sleeping. No importaba la incomodidad.


Y ahí sí… ¿enganchado con este tipo de motociclismo?

Claro que sí. Fuimos haciendo este tipo de motociclismo de aventura durante 10 años dentro del Ecuador. Yo comencé cuando tenía unos 22 ó 23 años.


¿Un viaje que recuerdes en especial dentro del Ecuador?

En 1995. Creo que debo haber tenido unos 34 años cuando hicimos un viaje con mi hermano Juan, Luis Correa y Roberto Luzuriaga y nos fuimos hasta Zamora. Endureamos por las montañas, fuimos a Cuenca, Loja y regresamos por el Oriente, desde Zamora.

Nos tomamos unos ocho días de viaje. Entramos a Nambija. Buscamos lugares como Gualaquiza, Yantzaza y una cantidad de pueblitos que en esa época eran caseríos.

Un viaje interesantísimo. Había un puente que estaban por inaugurar y no dejaban pasar. Nosotros nos pasamos y nos salió un hombre con machete. Andábamos armados y casi nos damos de bala y de puñetes. Par de tiros al aire y salió la comunidad detrás nuestro. Prendimos las motos y desaparecimos del lugar.


¿Y cuándo empezaron los viajes fuera del Ecuador?

Fue justo después de este viaje. Mi hermano Juan, Roberto Luzuriaga, Luis Correa y yo decidimos salir de viaje fuera del país. A último momento Roberto se echó para atrás.


¿Qué fue lo primero que hicieron?

Ver las motos. Mi hermano trajo la primera Kawasaki KLR que hubo en el país y nosotros seguíamos con las Honda XR por lo que decidí traer una KLX 650, que era la moto del año doble propósito con una caja de cambios un poco más corta, no tenía el parabrisas, tenía un tanque de gasolina más pequeño...linda la moto.

Yo pensé que con esa moto podía viajar por Sudamérica. Pero viéndole y comparándole con la de mi hermano, si bien es cierto en caminos trabados la mía era mejor, el tema era de largas distancias. Entonces dije no, “me traigo más bien una KLR”.

Con las motos aquí empezamos a organizar nuestro viaje. Ahí se abrió otra oportunidad que era salir del Ecuador. Para mi fue el final de una época de una moto de enduro y el comienzo de una moto de raid o viajes como la Kawasaki KLR.

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