“Dakar 2022 Father & Son ”... el testimonio de Juan Carlos Puga

“La idea nació luego del Dakar 2019 en que participó Juan José. La verdad es que él corrió ese año porque, hasta cierto punto, yo insistí. Esta carrera siempre fue mi sueño, he ido tres veces a verlo y siempre quise correr”… con estas palabras empieza su relato un apasionado de las motos que hizo realidad una fantasía con un proyecto especial que llamó la atención en el Ecuador y el mundo.



Juan Carlos Puga es de esas personas que habla con una convicción absoluta. Y más si se trata de motos… una pasión de toda la vida que, desde hace algún tiempo, la vive junto a su hijo Juan José. Con una idea que, inicialmente, podía parecer una locura enfrentaron a la “criatura” más grande en el mundo de los deportes a motor: el Rally Dakar.


Luego de más de 15 días de aventura en Arabia Saudita, Puga se encuentra en “su” Santo Domingo de los Tsáchilas disfrutando, aún, de los recuerdos y vivencias en la carrera más fuerte y difícil. Y con la medalla oficial que lo acredita como “finisher” de la edición 2022.


Motociclismo.ec conversó con él para obtener su testimonio que lo presentamos aquí en una primera entrega de cómo vivió su proyecto “Dakar 2022 Father & Son”. Lo primero que le preguntamos, en serio y en broma, es si ya estando en casa… ¿te pasó el susto del Dakar? Y tras una sonora carcajada nos dijo: “Ya pasó el susto y el gusto”. Y así empezó a contar su historia sobre 8.375 kilómetros en las desérticas arenas de ese país:


“Juan José me animó a correr el Dakar y decidimos hacer un año de preparación. Comenzó en febrero del 2021 yendo a Argentina para clasificar. Lo hicimos sin mucha preparación porque la organización del Dakar nos dijo, de un día para otro, que vayamos y clasifiquemos allá. Luego empezó una de las tareas más difíciles e importantes: conseguir el presupuesto, una cifra alta que bordeó los USD 200.000.


Para ello trabajamos como si hubiéramos formado una empresa. Lo que hicimos fue poner los objetivos, armar una estrategia, hacer una presentación y golpear puertas. Conseguimos cerca del 80% del presupuesto. Obviamente que no fue que “tome el cheque y ya”. Hubo notas de crédito, canjes, plazos para pagar… Fue un trabajo muy fuerte y una vez logrado podíamos decir que estábamos en un 25% dentro del Dakar.


Viajamos a Arabia Saudita y llegó el segundo desafío fuerte que es pasar las pruebas Covid y las verificaciones técnicas de la carrera. Pasar allá el exámen del virus fue otro estrés muy fuerte al llegar. Gracias a Dios lo hicimos sin problemas. Luego vinieron las cosas administrativas: el tema de las licencias, pagos a la organización, exámenes físicos, verificaciones técnicas de las motocicletas, entre otras cosas. Todo esto tiene un alto grado de estrés. Pero gracias a Dios pasamos todo y ya estábamos en un 50% del Dakar.



Antes de partir empezó el temor de no saber qué va a venir, qué va a pasar. Pero al final de los días, como me decía el Willy Malo, “no es nada que no hayamos hecho siempre… es montar en moto”. Entonces me dije “Ok, vamos a montar moto”.


El primer día, que se dividió en dos jornadas, hizo que prácticamente fueran 13 días de Dakar. Empezamos con 400 km de asfalto y grandes variaciones en el clima de caliente a frío. Pero eso era como no estar aún en el Dakar. En la segunda parte del primer día fueron 50 km de especial y 200 de enlace. ¡¡¡ Y ahí ya sentí cómo era el Dakar…!!!


Entré y en la primera curva estaba en el suelo. La moto sale llena de combustible y pesa un horror. Cuando está con el tanque completo es como una moto doble propósito… Entonces entré a una curva y, al tener aún las sensaciones del cross o del enduro, aflojé un poco pero en estas motos tienes que acelerar todo el tiempo en la curva. Entonces, apenas dejé de acelerar la moto se fue al suelo. No me hice daño ni tampoco a la moto, pero ya estaba en el suelo.


A la mitad de la especial me sentí muy cómodo entre las huellas de las motos que habían pasado antes. Estaba en mi papayal y empezamos a darle rápido con Juan José y empezamos a pasar gente y a faltarle al respeto al Dakar. Y el rato menos pensado, en una duna, con unas bajadas largas, entré muy rápido y la moto se chupó en la arena y me escupió hacia adelante. De un rato a otro me encontraba en suelo, de espaldas, abierto el airbag y súper golpeado.


Pudimos enfrentar esto con una inyección para el dolor que Juan José me puso un poco más adelante y que habíamos llevado por precaución. Juan José me dijo: “papá, tú has salido de peores y eso me hizo un click.. y nos fuimos. Acabamos la primera especial y pensé que debía pasar 11 días más golpeado la espalda… Entonces comenzaron los temores.


El segundo día salimos mucho más despacio. Yo con mucho dolor en la espalda, sobre todo en los enlaces porque en los especiales la adrenalina subía y me olvidaba un poco del malestar. Pero fuimos muy despacio porque yo ya sentía temor y, sobre todo, respeto por el Dakar.


El tercer día comenzamos mucho mejor. Me fui acoplando un poco más a la moto y empecé a perder ese temor. Cuando comenzamos a coger un buen ritmo se le salió la llanta a Juan José por una negligencia total del equipo de asistencia que contratamos. Se salió la llanta delantera porque no estaban ajustados el perno principal y los cuatro que agarren el buje.


¡Increíble! Nunca, en 30 años de motos, me había pasado algo similar. Juan José se cayó y se luxó el hombro. Tuvo que irse en helicóptero y yo me quedé con el colombiano Nicolás Robledo, muy amigo nuestro, que me dijo: “Tranquilo Juan Ca… vamos juntos”.


Yo tenía mucho temor de ir solo porque Juan José era el que siempre navegaba y el cuadrón de Nicolás no pudo seguir el ritmo de la moto porque son más lentos. La segunda vez que le esperé lo hice por media hora y mi temor era de que se hiciera de noche. Entonces él me dijo: “Vaya tranquilo. A usted está rindiéndole más. Vaya tranquilo que yo voy atrás”. Entonces tuve que ir solo navegando, aunque más era la confirmación del camino porque había muchas huellas que no se habían perdido con el viento.


El cuarto día Juan José debía reenganchar. Ya le habían puesto el hombro en el sitio y estaba colocado unos parches para el dolor. Nos levantamos a las 05:00 y nos topamos con la novedad de que la moto no había llegado y no podía reenganchar ese día sino al siguiente. La organización la llevó al sitio desde el que teníamos que salir al día siguiente. Hubo una confusión y la llevaron a Riad, donde llegamos al día siguiente luego de 400 km de especial y más de 300 km de enlace.


Entonces salí solo y era la etapa más larga del Dakar. La ventaja es que no había dunas y sí muchas rectas y zonas de piedras, algunas un poco difíciles, pero nada imposible. Hice una buena etapa, fui pasando algunos pilotos. No tenía presiones de ningún tipo e hice una etapa tranquila.


El temor volvió cuando, por alguna razón, paré y regresé a ver atrás… Y no venía nadie, adelante tampoco había pilotos y a los lados no existía nada. Dejé de pensar en eso, me concentré y empecé a divertirme y me fue bastante bien. Sin embargo, tuve que esperar unas dos ocasiones a los pilotos que venían atrás para confirmar que estaba yendo por el camino correcto.


Llegamos a Riad y nos encontramos con mis hijos. Al siguiente día la etapa se acortó y Juan José ya reenganchó. Corrimos 150 km porque había una tormenta de arena y la organización nos sacó en ese momento del desierto. Fue chévere porque fuimos al hotel en la tarde. Pasamos en la piscina del hotel descansando y yo recuperándome del dolor de la espalda. Tres días estuvimos ahí porque ya llegó también el día de descanso.

Comenzamos la segunda parte del Dakar con una confianza mucho mayor y dejamos el frío, que fue un factor que yo no quisiera volver a vivir en toda mi vida. Volvimos a correr con calorcito y nosotros nos sentimos muy cómodos con ese clima mientras había gente que ya estaba preocupada y nosotros fascinados.


Cogimos un ritmo chévere con el Juan José y dejamos de preocuparnos porque nos pasara algún piloto o porque nosotros teníamos que pasar a alguien. Y comenzamos a vivir una realidad que nos encantó, que nunca la habíamos vivido. Dejamos de buscar posiciones y vivimos una carrera mucho más humana, donde la solidaridad entre los pilotos es lo principal


Veíamos a alguien parado y nos deteníamos a preguntarle si estaba bien o necesitaba algo. Nos decían “sí, estoy bien''. Solo descanso”. Ok, perdíamos dos minutos y seguíamos.

Nos encontramos a un argentino que estaba entre los pilotos de punta en cuadrones. Se le rompió el motor y se le acabó la carrera. De pronto se quebró y se puso a llorar. No podíamos hacer nada por su cuadrón pero si mucho por él. Le consolamos, le abrazamos y le dimos ánimo.


Fuimos tratando de ayudar a un montón de gente. A unos chicos de Alemania que se les apagó una de sus motos. Ayudamos a un piloto Pro, que estaba entre los 10 primeros. Era de República Checa. Le cambié mi llanta por la de su moto porque se le habían roto unos radios y se dobló un poco el aro. A su ritmo era muy difícil seguir en esas condiciones pero al mío pudo ir tranquilo sin problemas.


El se puso a llorar de la emoción por la ayuda que recibió de nuestra parte. Y subió un post en sus redes sociales contando esto y creo que en República Checa me hice famoso por esta acción. No tienes idea cómo me agradecían en Instagram desde su país.


Estas cosas me marcaron mucho. Y Juan José también empezó a vivir el Dakar desde otra óptica. Lo vivimos más por el lado humano. Conocimos el verdadero espíritu del Dakar, del que habla todo el mundo… que es disfrutar de una travesía durísima.


Así avanzamos con muchas anécdotas e historias. La gente ya nos reconocía por nuestro proyecto de “Padre & Hijo en el Dakar”… Y lo disfrutamos mucho más relajados. Cuando teníamos tiempo, en los abastecimientos, nos sentábamos a comer un atún y no las barras de proteína que comen todos los Pro. La gente nos veía y nos tomaban fotos. Muchos nos decían que así es como debería disfrutarse el Dakar. No nos importaba el puesto sino vivir el Dakar y eso fue una experiencia muy chévere.


El día 11 tuvimos un problema en mi moto. La dirección se trabó, otra vez por la negligencia del equipo español que no engrasó el eje central. Nos costó los últimos 200 km que fueron durísimos. Juan José tuvo que hacer horrores y barbaridades para ayudarme y poder salir. Nos saltamos bastantes “way points” porque no podía subir una duna de 50 metros con la dirección trabada. Pero hicimos el recorrido y llegamos, que era lo principal. Ese día me clavaron como ocho horas de penalización… pero eso ya no nos preocupaba.


El último día salimos otra vez con la moto arreglada. Sin preocuparnos. Nuevamente ayudamos a unos dos pilotos en el camino. Llegamos al final de la meta y yo realmente estaba destrozado. Mi cuerpo, mis manos, mi mente. Juan José, tal vez por el hecho de estar pendiente de mi, llegó muy cansado mentalmente.

Cuando terminamos fue un alivio. Para mí físicamente y para Juan José mentalmente.

El siempre me decía: “Papá si algo te pasa no me voy a perdonar. ¿Cómo voy a volver al Ecuador? Anda tranquilo”. Entonces, cuando encontramos nuestro ritmo y dejamos de caernos, él ya estaba tranquilo y contento porque ya entramos a hacer el proyecto “Padre & Hijo” y no una carrera de velocidad.



Al terminar fue un momento súper chévere porque nos abrazamos con mucha gente, conocida y desconocida. La organización nos tomó muy en cuenta. Ya sabía quiénes éramos, sabían que llegamos de Ecuador. Más aún con la gran carrera que también hizo Mauricio Cueva. Algunas veces pudimos compartir también con él, pero lastimosamente en el Dakar cada quien hace lo que tiene que hacer y no pudimos estar juntos como ecuatorianos.


Al final del Dakar subimos al podio Mauricio y yo. Juan José, como tuvo que reenganchar, no pudo subir al podio. Él terminó la carrera, pero no le dieron la medalla así que, hoy por hoy, Juan José tiene su medalla del 2019 y yo la del 2022.


Hemos tenido un recibimiento muy interesante en el país. Hemos sido reconocidos en Santo Domingo por instancias como la Cámara de Comercio, Alcaldía, Gobernación, Prefectura, empresas privadas, medios de comunicación. Ha sido muy interesante.


Queremos hacer unos conversatorios en unas tres ciudades para que la gente escuche lo que vivimos en el Dakar y se anime a intentarlo. Leí la entrevista que le hicieron ustedes, en Motociclismo.ec, a Andrés Benenaula y estoy contentísimo de que en algún momento pueda correr un Dakar. Sin duda haría un papel espectacular".


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