De subida al Ilaló en una Fantic Caballero

Italianas, de corte neoclásico, estas motos entran con fuerza en el mercado ecuatoriano. Con 449 cc, 40 CV y un par motor de 40 Nm a 7500 rpm… te llevan a donde tu quieras. Ellas son la Flat Track, la Scrambler y la Rally… tres Caballeros que llegaron para quedarse.



Como muchos otros aspectos de la vida, el mundo de la motocicleta rememora otras épocas y se obliga a generar tendencias cíclicas. Desde hace algunos años esta industria volvió a estar inmersa en la “fiebre” por lo relacionado con el pasado… no referimos a la última moda sobre dos ruedas: las motos neoclásicas.


Y en este segmento hay una marca italiana, Fantic, que tuvo su apogeo en los años 70 y 80 convirtiéndose en una de las más grandes fabricantes de su país y Europa; pero que cerró sus puertas en 1997. Sin embargo, en esa época, al Ecuador no llegó más allá del conocimiento de los acérrimos fanáticos de las motos; y ahora, desde los últimos meses del año pasado, cuando llegó oficialmente a nuestro mercado, ha emprendido una enorme campaña para hacer que sus motos, las legendarias Caballero, sean conocidas y reconocidas en este competitivo medio.


Y la mejor forma de hacerlo es probándolas. Por ello, cuando David Pozo, principal ejecutivo de la marca en el país, ofreció a Motocilcismo.ec un “test drive” de las Caballero no pensamos un segundo en decir sí. Flat Track, Scrambler y Rally son los modelos que se presentan para despertar el deseo de manejar versiones mejoradas y actualizadas de unas máquinas que ilusionan.


MotoGarage Store, la conocida tienda ubicada en Tumbaco y distribuidora de Fantic en la capital de la República, fue el punto de salida de una sensacional experiencia… no solo por el placer de manejar las Caballero sino porque lo haríamos, por primera vez, en un terreno diferente al asfalto que es por donde ha transcurrido siempre nuestro rodar.

Hay que decir que las tres Caballero tienen el mismo motor… un monocilíndrico de cuatro tiempos, con refrigeración líquida y normativa Euro 4, de 449 centímetros cúbicos que generan 40 CV a 8500 rpm. Pero lo más interesante es su “Par Motor” de 40 Nm a 7500 rpm. Algunos, quizá los que menos sepan de motos, se preguntarán ¿y por que? Sencillo, porque este concepto, que tiene que ver con la física, simplemente mide la fuerza con la que el motor es capaz de desplazar un vehículo sobre una superficie. Y ya leerán más adelante cómo funciona e influye en la conducción.

La Flat Track, una moto preciosa que destaca por su tanque negro mate laminado, esta inspirada en las competencias de drift y tiene una esencia que se inclina más al asfalto o terrenos planos, donde los derrapes demuestran su poder y control. Este modelo no entró en nuestra prueba de manejo porque la sorpresa que nos tenían preparada era de emociones diferentes.


Dentro de la línea Caballero, la Scrambler fue la primera en salir al mercado, inspirada en el mítico modelo que nació en 1969, es una moto multipropósito, equipada con llantas que se desenvuelven muy bien en caminos de tierra y asfalto. Con un asiento más largo y cómodo para el pasajero.


Finalmente, la Rally, la más off-road de la familia, está enfocada para enfrentar caminos difíciles de tierra. Por ello, el recorrido de su suspensión delantera que trabaja con una horquilla Fantic FRS invertida de 41 mm es de 200 mm… 50 mm más que el de sus “hermanas”. También es un poco más alta y tiene llantas más agresivas, Michelin Anakee Wild, así como un monoshock regulable. Y ciertos extras como los protector frontal, de carter y de radiador.


Pero… menos palabras y más acción. Pedro Zalamea, de MotoGarage Store, fue el guía en esta prueba de manejo; y también nos acompañó Agustín Cueva, piloto oficial de Fantic, que nos ayudó mucho con sus “tips” de conducción, aún sin saber todavía que éramos unos absolutos inexpertos en los caminos que íbamos a recorrer.


“Vamos a subir al Ilaló”, dijo Pedro. Y luego de un sobresalto interno, que creo no se notó antes ellos, dije: “Vamos. A eso venimos”. Ya subido en la Scrambler no había otra opción. Y lo primero que se notó fue su cómoda y relajada posición de conducción, así como un sorprendente y agradable sonido, ronco y seco, de la doble salida de escape firmada por Arrow que recuerda ligeramente a las motos de antaño.


Ya en marcha, por las calles de Tumbaco y una parte de la Interoceánica, se agradece que sus 145 kilos en seco facilitan mucho las maniobras, como si se tratara de una moto de menor volumen. Su volante Tomaselli, ancho y plano, permite mover la moto con gran agilidad para disfrutar de su sensaciones al caminar… Y ya empezamos a sentir cómo funciona su par motor al permitir rápidas aceleraciones para evitar el tráfico.


Empezó el ascenso. Y del asfalto pasamos al adoquín y luego al empedrado. La inclinación del camino también aumentó considerablemente y los nervios volvieron a aparecer. Sin embargo, la Scrambler se encargó de su parte y no hubo problema


En esta Fantic, la mejor combinación posible fue una excelente horquilla en una moto ligera. Esta dupla es infalible porque permite hacerlo todo bien y todo fácil, sea cual sea tu nivel de experiencia. Y como ya les dije… Era la primera vez que yo manejaba por un camino de esas características. Hasta ahí no hubo ningún problema y disfruté como un niño de su conducción.


Unos cuantos minutos más arriba se terminó el empedrado. ¡Horror! Nos esperaba, y más inclinado aún, un camino de tierra lleno de canales, huecos y polvo suelto que, en primera instancia, me parecieron imposibles de superar con mi “cero” experiencia en esa superficie.


Pero como no tenía a quién pedir “auxilio”, ya que Pedro y Agustín estaban mucho más arriba, la Scrambler me “habló en secreto” y me dijo: “no hace falta ser un experto para divertirse conmigo”. Solo hice algo de lo que recordaba de la teoría para manejar en esas condiciones y… “voilà”. Aunque debería decir “siamo partiti” porque la Fantic es italiana.


Y aquí es donde realmente entraron en juego el tan mencionado par motor y la potencia. Inicialmente, no me atreví a pasar de primera marcha. Pero el motor me exigía: ¡Pon segunda! Le hice caso y subió como si nada. Incluso el trabajo en conjunto de toda la parte ciclo (chasis, bastidor, cuadro, horquilla, basculante, suspensiones…) con el motor me permitieron divertirme un buen momento. Nunca me pasaron los nervios… pero disfruté nuevamente de la Scrambler.


Y cuando creía que iba a llegar invicto a la cima, debo confesar que por una “camaronada” acosté la moto al terminar la última curva del recorrido, ya empezando la única zona plana del camino. Sería la emoción del momento pero dejé la moto en nuestro y ¡zas!... al piso en cámara lenta.


Luego de unos minutos de descanso, en los que Pedro y Agustín aprovecharon para jugar con sus Rally saltando y derrapando en sus motos, llegó la hora de bajar. Y un nuevo susto. De bajada el camino se veía peor. Pero ahora a los mandos de la Rally me lancé a otro nuevo reto, con un poco más de confianza, pero abusando de los frenos (disco delantero de 320 mm y trasero de 230 mm), llegué entero al empedrado.


Una lástima que el cielo se nubló y empezó a llover, en cuestión de minutos y justo cuando llegamos a MotoGarage Store, porque tenía la intención de ser un poco abusivo y pedir que siguiéramos rodando en las Fantic Caballero.


Si me preguntan si me compraría una. La respuesta es: ¡Sí! La Scrambler, sin ninguna duda. Es una moto espectacular. Potente, fácil de manejar y, en mi experiencia, noble porque me aguantó todo. El siguiente paso es ahorrar los USD. 9490 que cuesta, al igual que la Flat Track. Y si me animo… por 500 más me llevo la Rally.

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