“Dicen que la moto rejuvenece... y eso sí es verdad" - Nicanor Merchán

Actualizado: jun 23


Motociclista de toda la vida, con 56 años de rodar sin parar, este reconocido empresario cuencano nos cuenta cómo empezó el deporte en la que ahora es considerada la capital de la moto en el Ecuador. Momentos buenos y malos tuvo que vivir en su larga trayectoria inmiscuida muy profundamente en el motociclismo.


Tiene 71 años de vida y 56 de ellos los ha pasado sobre una motocicleta. Fue uno de los pioneros del motociclismo azuayo. Endurista de cepa y viajero empedernido. Tanto que ha recorrido 36 países del mundo sobre dos ruedas. Y es el “patriarca” de una de las familias más motociclistas no solo de su provincia sino del Ecuador. Es Nicanor Merchán Luco, uno de los hombres y nombres más reconocidos cuando se trata de hablar de motos.


“Empecé en el motociclismo a los 16 años. Una Yamaha fue mi primera moto, de esas que llamábamos duales; y, enseguida tuve una activa participación en competencias de enduro”, reconoce Merchán, que tuvo la gentileza de atender a Motociclismo.ec, por una llamada telefónica, durante casi una hora, en la que hablamos del pasado, de carreras, de motos, de viajes, de amigos… Hablamos de la pasión por este estilo de vida.


Era el año de 1965 cuando, el ahora Director del Diario El Mercurio, se subió por primera vez a una moto y “nunca he dejado de hacerlo”, dice con un orgullo que sobrecoge al escucharlo. “De manera constante he participado en competencias de enduro y viajado por todo el Ecuador y algunos países del mundo”. Su último viaje internacional lo completó el año pasado, justo antes de que la pandemia mundial que actualmente vivimos llegue al Ecuador. Fue un trayecto desde la Patagonia hasta su Cuenca natal.


Aprovechando su característica amabilidad, le anticipamos que le íbamos a “robar” cerca de media hora para conversar. Y sin ningún reparo nos dijo “adelante” a un diálogo que casi doble el tiempo previsto.



¿Cómo era el motociclismo ecuatoriano de ese entonces?

Las motos que llegaban al Ecuador eran mucho más pesadas. Yamaha, Kawasaki, Suzuki... pesaban sobre los 140 ó 150 kilos. Y eran de carburador. No había las llantas de pupos grandes y a veces conseguíamos unas llantas duales.

Luego, las motos se perfeccionaron y empezaron a producirse específicamente para enduro. Eran más livianas, tenían una tracción mucho más fuerte. Luego vinieron los inyectores y las motos se hicieron más ligeras. Entonces los pilotos bajaron los tiempos en los mismos recorridos que hacíamos.


Es una vida entera. ¿Qué le ha motivado para mantenerse tanto tiempo practicando el motociclismo?

La afición por las motos. El deseo de estar siempre junto al viento, a la libertad, al paisaje y a la aventura. Creo que estas son cualidades que debe tener un motociclista. Y sobre todo junto al deporte.

He tenido suerte de ser deportista toda la vida, porque además soy andinista y aún sigo subiendo las montañas. La última vez fue el año anterior al Chimborazo.


¿Por eso le ha resultado difícil alejarse de la moto?

Dicen que la moto rejuvenece. Y eso sí es verdad. Y hay marcas que hacen rejuvenecer más todavía porque tienen mucho más caballaje, son mucho más rápidas, reaccionan más fuerte. Esas son las razones por las que me he mantenido en la moto.

Y a parte de eso, la amistad que uno hace en la motocicleta. Diría que la familia motociclística en el mundo es una sola. La solidaridad que desarrolla el motociclista es única. Es una verdadera amistad.


¿No ha cambiado ahora ese sentimiento con la vida moderna?

No. La vida moderna ha permitido que nos desenvolvamos de otra manera, pero la vida del motociclista sigue siendo igual. Al que le gusta viajar, le gusta la ruta, la tierra, el lastre… y los sentimientos son los mismos.


Y las carreras… ¿Cómo eran cuando usted empezó?

Realmente empezamos muy pocos. Era poca gente la que participaba y tenía motocicletas. Poco a poco fue creciendo la afición. La gente fue entusiasmándose. Había carreras en la ciudad de Cuenca que se hacían por algunas avenidas. Por el sector del colegio Benigno Malo. Había pocas motos pero mucho público. A la gente le gustaba ver a los motociclistas.

Después las casas trajeron muchas más motos y así entusiasmaron a más pilotos. Y ahora Azuay es la provincia que más pilotos tiene.


¿Qué nombres recuerda de la gente que corría en ese entonces?

Todavía hay algunos pero ya no andan en moto. Recuerdo al que llamábamos el Mishi Talbot, era un poco mayor que nosotros. Alguien que todavía creo que anda es Pepe Medina, que fue uno de los primeros corredores, muy jovencito, me parece que tenía 14 años y ya andaba en moto. Henry Eljuri. Otro al que apodaban el “bombero” Jaramillo, que viaja mucho. Y yo.


¿En esa época era exclusivamente enduro?

Cuando empezamos solo se hacía. Luego, unos 10 años después, apareció el motocross. Y ahí la familia Malo, con Wilson a la cabeza, fueron grandes campeones. Ahí empezaron a nacer otras figuras en este deporte.


¿Usted también hizo motocross?

No. Nunca llegué a hacer motocross. Tengo mucho respeto por el motocross y el motociclismo de velocidad. Nunca los practiqué. Estos que andan allá en Yahuarcocha y van a más de 200 km/h… No, no, no.


¿Qué es lo que más recuerda de su carrera deportiva?

En Cuenca gané algunos campeonatos provinciales, pero también también tuve el Campeonato Nacional de Enduro. Los años ya no me acuerdo, pero queda la satisfacción de correr en todo el país y ganar ese título.

Pero ahora, participar en el Andes Rally Challenge con mi hijo Felipe y mi nieto Alejandro fue algo muy satisfactorio. Hicimos historia porque corrimos tres generaciones.

Nicanor, Alejandro y Felipe Merchán

¿Y seguirá marcando hitos en el motociclismo ecuatoriano?

Es que soy un enamorado de las motos y la libertad. Me mantiene bien y saludable. Todas las semanas salgo a paseos cortos de 300 km. A veces más largos. Yo les embromo a mi familia diciendo que en lugar de pagar al psiquiatra voy en moto.


¿Qué le motivó a ir cambiando, poco a poco, la competición por el motociclismo de aventura?

Los años, pero sobre todo la aventura y los paisajes. Como soy ambientalista me encanta descubrir nuevos paisajes. Se unen el paisaje y la aventura y eso me permite llegar a sitios que nunca había pensado llegar. Voy descubriendo y avanzando.

¿Me imagino que usted debe conocer todo el país?

Sí. Muchísimo. Porque el campeonato nacional de enduro se hacía en distintas partes del país: Pichincha, Riobamba, Azuay, Cañar, Loja… toda la Costa. El enduro me llevó por muchas partes del país para competir. Y luego en la moto de rally también he participado en todas las pruebas del Andes desde hace 5 años y eso me ha llevado a conocer muy bien el país.


¿En sus recorridos por el país, que momentos especiales recuerda?

Los que me han llevado a descubrir paisajes hermosos en los Andes, en las playas y el mar, en la Amazonía, con sus selvas vírgenes. Hay paisajes que sobrecogen: atardeceres y madrugadas hermosas.


¿Y de los otros momentos?

También ha habido momentos tristes. Los accidentes. He tenido que rescatar a amigos que han sufrido accidentes en las vías y competencias. También se me han muerto un par de amigos en esas circunstancias. Y eso es muy pero muy doloroso.

El verle morir a un amigo en un accidente a uno le conmueve.

Y en este tiempo sobre la moto usted debe haber tenido también percances. ¿Eso no le ha hecho replantearse el seguir practicando el motociclismo?

Jajaja me hace reir. Tengo 11 fracturas. Y claro que me han hecho replantear. Me han hecho pensar que ¡tengo que mejorar! Entonces he entrenado más, me he preparado más. Y aquí me tiene todavía.



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