El Avispero, un club para disfrutar de la Vespa

Actualizado: ene 29




El jueves es el día en que las “avispas” salen a rodar por las calles de Quito. Este es un grupo sin fines de lucro, amante de las motonetas Vespa, cuyo objetivo es la restauración, conservación y disfrute de sus máquinas.


“Sembra una vespa”… Los más puristas amantes del mundialmente conocido scooter italiano podrán decir que con esa frase de Enrico Piaggio se sembró la semilla de la historia y el amor por la Vespa.

Así fue, porque la leyenda y la pasión por este pequeño vehículo empezaron poco después, el 23 de abril de 1946, cuando Piaggio inscribió en la oficina de patentes su Vespa 98 y lanzó al mercado las primeras 2000 unidades.

Esos sentimientos son los que a lo largo y ancho de todo el mundo han hecho que los aficionados a la Vespa se reúnan en grupos para hablar y disfrutar de sus motos… y, además, rodar con ellas. No hay uno solo de los cinco continentes en los que no exista un club de vespistas.

Y nuestro país no es la excepción. En Quito, desde hace más de 10 años, ruedan por las calles de la ciudad, y ocasionalmente por las carreteras del país, decenas de motociclistas agrupados en el Vespa Club Ecuador El Avispero, sociedad que, además, es uno de los miembros del Vespa World Club, considerado como la federación internacional de todos los clubes oficiales.

¿Cuándo y cómo nació El Avispero? Su historia se remonta al 2010 y tiene, en sus inicios, algunos recovecos que hicieron tambalear su organización. Para conocerla, Motociclismo.ec conversó con Carlos Echeverría, su actual presidente y uno de sus miembros más antiguos.

Foto: Cortesía de "El Avispero" motoclub
Carlos Echeverria, presidente de "El Avispero"

Omar Arregui, Fernando Acosta, Diego Cazar, Mauro Noboa, Luis Cobo (el creador del logotipo), José Ortiz y Sebastián Arcos fueron los primeros vespistas a los que les “picó el bicho” con la idea de formar el club.

La sede era un bar llamado La Estancia, cuyo propietario era Ortiz. Allí trabajaron en la imagen del club y crearon el logotipo; también organizaron el primer paseo a Baños. Esos fueron los primeros pasos de El Avispero y los que llamaron la atención de otros aficionados a estas motos y que se unieron pocos meses después.

Aparecieron entonces los nombres de Silvio Morán, Alejandro Bermeo y Carlos Echeverría. “Como es hasta hoy, nos reunimos una vez a la semana, planificamos las cosas del club y salíamos a rodar”, recuerda el último de los nombrados. Y señala que, con el tiempo, siguieron uniéndose más personas, como Marco Pazmiño, Mario Padilla y John Silva.

Pero el destino quiso que, poco a poco, esta iniciativa se debilitara. Silva, ahora un reconocido motoviajero de origen colombiano, salió a su primer viaje por Sudamérica. Y algunos de los “fundadores” vendieron sus motos y se alejaron del grupo.

El primer presidente junto al  actual presidente de "El Avispero"
Marco Pazmiño y Carlos Echeverria

Echeverría recuerda que “nos quedamos solo Silvio y yo. Salíamos a rodar juntos aunque unas pocas veces alguien más se nos unía. Nuestras esposas nos molestaban porque éramos solo los dos; pero fuimos constantes, sentamos las bases de la solidaridad que tiene el club e hicimos que esta historia continuara”.

Sin embargo, el actual presidente de El Avispero no quiere dejar de reconocer que hubo una iniciativa de formar un club antes de la historia que estamos conociendo. “En el 2008, unas pocas personas, entre Giovani Gutiérrez, tuvieron la intención de formar el Quito Vespa Club, pero la idea no prosperó”.

En el 2014, luego de que la semilla que sembraron Echeverría y Morán germinara, empieza una nueva etapa en la vida del club. El Avispero, con una importante cantidad de miembros, se formó legalmente con estatutos que fueron legalizados en la Secretaría del Deporte. Y ahí empieza lo que podríamos llamar la historia moderna del club.

Uno de los hitos más importantes en la vida de esta organización fue la realización, en el 2012, de un censo de Vespas clásicas y antiguas. “El tema de la restauración de las motos creció enormemente y muchas de esas pertenecían a miembros del club. Obviamente, en esa época aún no llegaban al país las LML y mucho menos las Vespas modernas. Por eso hicimos el censo, para saber quiénes estaban en el club y qué motos tenían”, recuerda Echeverría.

A partir del censo también se estableció la primera directiva formal del club y Marco Pazmiño fue elegido como el primer presidente. “De hecho, la primera moto censada fue la suya, la Blanquita. Fue un evento numeroso y todas eran motos antiguas, construidas entre 1955 y 1990. En total se censaron 45”, señala.

Y dice que fue muy interesante que se unieran muchas personas a las que no conocían y que tenían modelos de motos que “no sabíamos que existían en el país”.

Luego, en el 2017, El Avispero realizó otro censo en el que se incluyeron las LML, traídas al país por Motor 1. Y el resultado fue 94 motos y sus propietarios censados.

El número de participantes y miembros del club sigue creciendo. El actual presidente señala que tienen un chat con 120 personas, “de los cuales semanalmente se reúnen entre 20 y 25 para nuestras rodadas de los jueves”. Sin embargo, los miembros que salen a rodar rotan mucho “y en realidad somos pocos los que estamos constantemente en nuestras salidas”.

La estructura organizacional de El Avispero ha variado mucho de acuerdo a los años y circunstancias que vive el club. “En principio solo era cuestión de un grupo de amigos que empezamos a rodar. Luego vino, durante cuatro años, la estructura con la Secretaría del Deporte en la que tuvimos una directiva con presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y vocales.

Sin embargo, por temas internos y, sobre todo, por la rotación de los miembros que participan activamente en las actividades del club, “yo cambié totalmente la figura. Todos somos miembros del club, todos tenemos voz y voto porque el club es de la gente que rueda. Hoy pueden ser cinco, mañana 10, y esas personas son las cabezas del club. Hoy existimos cuatro personas que vamos regularmente: Marco Pazmiño, Sebastián Arcos, Mario Padilla y yo. Somos las que dirigimos el club”, dice Echeverría.

“Yo estoy aún como presidente, sin embargo las decisiones del club, del cronograma de actividades anuales, las discutimos entre todas las personas que rodamos. También delegamos a las personas que se van a hacer cargo de determinado evento. Hay un líder que se encarga de la organización completa y los demás lo apoyamos totalmente.

La razón de ser de El Avispero es la constante actividad que organiza para sus miembros. Son doce eventos anuales entre los que están la clásica reunión para establecer su cronograma de actividades; un paseo de acampada en sitios cercanos a Quito; un paseo a la playa, generalmente a Esmeraldas y Manabí; un paseo y acampada en la Sierra; cursos de mecánica básica con cosas que todo propietario de una Vespa antigua debe saber: cambios de aceite, embrague, de bujías; calibraciones; cursos de primeros auxilios con el apoyo de la Cruz Roja; entre otros.


Además, dos de sus actividades más importantes son el tradicional “Back to School”, un evento benéfico que se hace en septiembre con motivo de la entrada a clases y en el que entregan útiles escolares a una escuela de bajos recursos; y, la Noche de Gala, una cena en diciembre, para festejar Navidad y Fin de Año, “en la que alquilamos un salón en un hotel, vamos de gala y hacemos una premiación a quién ha sido el más bulleado en el año, al más constante en las rodadas, al que más veces se le ha dañado su Vespa… Todos son premios que entregamos con alfombra roja”.



La ayuda social es importante en El Avispero. Y esto se demostró cuando sucedió el terremoto en Manabí. El club hizo una rifa benéfica de una Vespa clásica, la “famosa” Matilda, con la que John Silva hizo uno de sus viajes por América del Sur, para sacar fondos y construir una casa que fue entregada a una de las familias de Pedernales que perdió todo en ese difícil momento.

Asimismo, semanalmente El Avispero se reúne los días jueves por la noche para recorrer la ciudad de Quito y sus alrededores, descubriendo los rincones menos explorados de la ciudad. Además, “cada semana visitamos un restaurante en nuestro ya famoso Tour Gastronómico, donde hemos disfrutado menús tan diversos como los integrantes del club”.

Obviamente, este último año, por la pandemia mundial originada por el Covid-19, la actividad del club se vio afectada. “En marzo nos confinamos y empezamos a rodar nuevamente en junio. Y hasta septiembre rodamos las noches de los miércoles y jueves para que todos podamos salir de acuerdo a las placas de nuestras motos. Ahora volvimos a salir solo los jueves pero ya no en el Tour Gastronómico, pero lo hacemos un poco más tarde, a eso de las 20:15, para que nuestros amigos que tienen el “hoy no circula” lleguen hasta nuestras reuniones”, recuerda Carlos Echeverría.

Dice, sin embargo, que paseos y eventos sí fueron suspendidos hasta superar la crisis sanitaria que atraviesa el país.

¿Cuál es el perfil de un “avispero”? El que se siente avispero asiste al club. “No discriminamos a nadie. Obviamente, es un club de Vespas pero pueden ir en la moto que tengan. Recibimos con los brazos abiertos a todos… Lo que sí ha pasado es que, finalmente, se terminan comprando una Vespa. Empiezan a amar la marca y se unen con una Vespa para sentir lo que significa andar en dos tiempos”.

Médicos, abogados, cirujanos, cantantes, contadores, notarios, jueces, repartidores de delivery, profesionales de todas las ramas son parte del club. “Todos somos iguales y nos llevamos muy bien”, acota Echeverría.

¿Y las motos? Según Echeverría en El Avispero hay verdaderas joyas como la Vespa 52 de Carlo Carranza, una moto que ya no rueda y que forma parte de la decoración de su casa. Jalal Dubois tiene una GS de 1959, una moto de serie limitada. Hay varias VBB como las de Geovanni Gutierrez y Kléber Fonte. O las de Napoléon Villarroel, uno de los mayores coleccionistas y restauradores de Vespa en el país: las icónicas 90 y SS 180. No dejan de destacar varias de Súper 150 de faro cuadrado y redondo de 1968, la Rally del mismo año y algunas PX y P de finales de los 70.

Según rezan sus preceptos, el Club Vespa Ecuador El Avispero, es una agrupación sin fines de lucro, cuyo objetivo es la restauración, conservación y disfrute de las motonetas de marca “Vespa”, por su valor histórico, estético y recreacional. Y esto se ha extendido de tal forma que en Ambato, Puyo y Portoviejo existen “capítulos” del club. Además, puede jactarse de ser una especie de pionero en la formación de clubes en Quito.

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