Entrevista Nicanor Merchán parte 2. "Sobre la moto hay que hacer las cosas con respeto"

Nicanor Merchán no concibe un fin de semana sin salir a rodar por lo menos unos 300 kilómetros. Solo o acompañado, aunque prefiere los grupos de tres viajeros, recorre los más importante y hermosos parajes de la geografía ecuatoriana… y sus compañeros son amigos a los que les gusta este mismo estilo de vida.

Si la historia de Nicanor Merchán en el motociclismo nacional se forjó en sus inicios en el deporte, en el enduro concretamente, también la ha marcado con mucha fuerza su necesidad de aventura y de traspasar fronteras para disfrutar de la moto en otros paisajes.

Los viajes por 36 países del mundo son parte fundamental de su estilo de vida así como la herencia dejada a sus hijos y nietos.


Y en estos años de “devorar” kilómetros también ha vivido momentos familiares difíciles, como una fuerte lesión sufrida por su nieto Nicolás, mejor conocido como Niki en el ambiente motociclístico. Son situaciones que sí le han hecho pensar en los riesgos del deporte elegido… pero el amor por la moto siempre puede más.


Motos, rutinas, viajes, emociones… son algunos de los temas que topamos en esta segunda entrega de nuestra amplia y grata conversación con un hombre que inspira solo al escucharlo.

También ha vivido importantes hitos no deportivos… como el haber sido parte del grupo que cruzó por primera vez el Cajas en moto.

Fuimos los primeros motociclistas en hacerlo. Nos demoramos 11 días para atravesarlo porque éramos jóvenes y cometimos la imprudencia de hacer el recorrido en abril. Y aquí en Azuay, en ese mes llueve muchísimo. Fuimos cuatro motociclistas y fue muy duro. No recuerdo bien la fecha, creo que fue en 1977, y creo que lo hicimos con los hermanos de apellido Salgado, un chico Cordero y yo. Pero llevamos un equipo de abasto que iba a caballo y nos apoyó mucho.


Amigos y rivales en las pistas… ¿A quién recuerda este momento?

Los amigos que recuerdo con quien yo corría fueron Esteban Iturralde y Ricardo Rocco, con quienes somos más o menos contemporáneos. Pero también recuerdo a los que competían contra mi hijo Felipe y yo también corrí alguna vez con ellos… Pilotos muy rápidos y excelentes como Tito Sánchez, Fabián Zabala, Fabián Bucheli y Diego Iturralde.


¿Cuándo se animó a salir del país? ¿A traspasar las fronteras y a conocer el mundo sobre una moto?

Hace unos 30 años di ese salto y empecé a buscar otros lugares. Uno de los países que más recuerdo quizá es la India, el Himalaya, toda la cordillera muy preciosa. Estuve en el paso más alto del mundo.. el Khardung La Pass que, me parece, está a 5340 metros sobre el nivel del mar. Ahí existe, en la parte alta, un puesto médico donde casi todos los motociclistas paran a pedir oxígeno. Como me había preparado mucho, yo no lo necesité.


¿Cuáles son los lugares o países que más recuerda?

Mongolia es otro país muy duro para recorrer en moto. Casi no hay carreteras y llegamos cerca del desierto de Gobi en Rusia.

Otro… la British Columbia, en Canadá, con paisajes realmente sobrecogedores.

Hice también el recorrido entre Alaska y la Patagonia, este último es un lugar mágico, tan mágico que dicen que a los motociclistas les castiga para que vuelvan otra vez. Y a mi me castigó mucho porque regresé tres veces más. Es muy hermoso pero duro por el clima, siempre hay temperaturas muy bajas y vientos muy fuertes. Pero el paisaje merece la pena.


¿Y algún lugar que no resultó ser lo esperado?

Ninguno. Pero sí he pasado momentos duros, sobre todo con el clima. Me ha tocado dormir en medio camino en una carpa, tirado en el suelo. A veces no hay más opciones. Por el clima he estado al borde de la hipotermia. Otras veces me he quedado con la empantanada y había que quedarse en el camino hasta que amanezca o que llegue ayuda.


¿Algún accidente grave que le haya marcado?

Prefiero no recordarlos. Les dejo que pasen. La mente tiene que ir siempre al presente. Hay que decir “hoy voy a hacerlo bien” y no recordar más esos momentos.


La mente positiva influye mucho en el motociclismo…

Sí, sí sí. Siempre hay que ser positivo y hacer las cosas con respeto. Si usted irrespeta la moto o la ruta… le pasa algo.


¿Cómo se mantiene ese respeto, porque en algún momento la adrenalina puede ganarle a la razón?

El tener conciencia de lo que se está haciendo es fundamental. Si está en un camino lleno de curvas no puede ir demasiado rápido. Hay que saber dónde y hasta cuándo acelerar. El piloto tiene que saber dónde está su propio límite.


¿Se refiere a la velocidad?

Sí. Si usted tiene un límite de 180 km/h y va a 220 sabe que está 40 sobre su límite y entonces debe entender que algo le puede ocurrir. Se atraviesa un mosco y ahí tiene el accidente.

Cada piloto establece sus límites y eso es parte del respeto a la moto. Hay que respetar el límite. No se debe superar ese límite.


Cambiemos de tema… ¿Cómo se forma una familia con varias generaciones de motociclistas?

Yo siempre anduve en moto y mis hijos siempre me vieron sobre una moto. Desde muy pequeños me pedían que les llevara a pasear. Después me pidieron que les enseñara y luego me “exigieron” que les de una moto. Así me acompañaban a los paseos, a los enduros y, poco a poco, se fue generando este andar en moto en la familia.

Pero cuando los hijos no querían hacerlo les respetaba y no les exigia.


¿Y en la sangre también se lleva el gen motociclista?

Puede ser. De mis cuatro hijos, Felipe, Xavier y Fabián Miguel siguieron mis pasos. Los dos primeros fueron varias veces campeones nacionales en diferentes modalidades, pero ahora Xavier se pasó el ciclismo de montaña y sigue siendo un deportista de élite.

Inclusive Fabián Miguel, que falleció, era un piloto muy rápido y, como no podía ser de otra manera, también llegó a ser campeón.


¿Pero esto va más allá de los hijos?

Exactamente… A mi hijo Felipe le ocurrió lo mismo que a mi y les pasó a sus hijos el gusto por la moto. Nicolás y Alejandro, que también practica ciclismo de montaña, son dos excelentes motociclistas que han logrado cosas muy importantes en el deporte ecuatoriano.

¿Pero en familia también se viven momentos muy duros, como el accidente de Niki hace dos años?

Sí. Uno se replantea las cosas en esos momentos, pero ahí entra en juego la libertad de cada persona de hacer lo que le gusta. Cuando pudo volver a caminar y subirse a una moto, conversé con él y le dije: ¿no crees que debes dedicarte a otro deporte? Y me contestó: No. Yo quiero volver a las motos porque esa es mi pasión, es mi gusto y ahora me voy a preparar mejor que antes.

Uno como abuelo le puede dar un consejo, pero no más. El con o sin aprobación lo iba a hacer.


¿Y las experiencias positivas? ¿Hacer un viaje con la familia?

Con Felipe y Xavier si hemos viajado a algunas partes. Pero no con Nicolás, con él estuvimos en el Andes y en algunas partes del Ecuador. Y con Alejandro, mi otro nieto, disfrutamos del rally. Con él he viajado a muchos lugares dentro del Ecuador.

Es muy gratificante ir acompañado de la familia y creo que no ocurre mucho de esta suerte en el Ecuador. Un abuelo que vaya con el nieto y a la velocidad del nieto, eso no es común.


¿Y en todos estos años, cuáles son las motos a las que más recuerda?

Dicen que la mejor moto que existe es la que cada motociclista tiene en la casa. He tenido motos de muchas marcas pero si guardo en el corazón algunas como la Suzuki DR 600, una moto tan amigable como pesada de la que tengo muchos lindos recuerdos. La Yamaha DT de trial, muy linda para ir al cerro. Y quizá una de las que más marcó mi vida, porque me dio muchos triunfos es la KTM.


¿Y para los viajes largos?

BMW y KTM, a tal punto que siempre les digo a mis amigos que tengo la mitad del cuerpo con sangre naranja y la otra mitad con sangre azul. Luego de muchos años de enduro pasé a la KTM 990 Adventure, una moto muy briosa; y, luego a la BMW 1200 GS, una moto muy segura, de un motor muy fuerte, además muy confortable.


A propósito... ¿cómo es un fin de semana suyo con esas salidas de solo 300 km?

Salgo temprano, a las 07H00, y se puede hacer un recorrido Cuenca, Loja, Machala, Cuenca. O La Troncal, Machala, Riobamba, una vuelta por el Chimborazo, y a veces bajo por Guaranda. A las 17H00 ó 18H00 ya estoy de regreso.

También por el Orienta: Cuenca, Zaruma, Gualaquiza, Limón y regreso. Y de vez en cuando me escapo dos días a Quito y bajo por Baeza, Puyo, Macas y llegó a Cuenca.


¿Y lo hace solo o en grupo?

A veces en grupo pero no más de cuatro o cinco. Y a veces solo. Yo creo que el grupo perfecto para viajar es el de tres personas. El de cuatro ya se va complicando: que para por el uno, que el otro quiere esto, que tiene un problema y el viaje se alarga demasiado. Yo creo que es mejor entre dos o tres. El ir solo tiene su gracia y significado pero es muy riesgoso, se baja una llanta y se fregó.


¿Y cómo escoge a sus compañeros de viaje?

Es gente a la que les gusta hacer lo mismo. La amistad es muy importante, más que las mismas motos. Son amigos a los que les gusta hacer lo mismo y vamos organizando los viajes con ellos.


Y así, luego de 50 minutos que pasaron volando, la entrevista terminó. Pero lo hizo con una propuesta que posiblemente nunca se concrete. No por Nicanor Merchán sino por este periodista. “Le invito a un viaje de ocho días a Punta Gallinas, el punto más septentrional de Colombia… lo más salido al mar”, me dijo. Sorprendido le respondí: “Por el tiempo no hay problema. Hay que trabajar en el tema de la moto”. Se río y nos despedimos.

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